A menos que vivan dentro del comunismo me van a entender esto que quiero expresar. Supongo que la mayoría vive en una sociedad que presenta distintas clases sociales, de modo heterogéneo. Es lo que, actualmente, suele ocurrir a causa de la innovación tecnológica y de la deficiencia gubernamental egoísta, con subjetividad hablando.
Con base en esta introducción me dirijo a decir que estoy orgulloso de pertenecer a la ''clase media''. En este caso la cita de ''los extremos son malos'' quedaría perfecta, y lo hizo.
En la sociedad donde me encuentro se presentan 3 clases, según yo: clase baja, clase media y clase alta.
Sobre la clase baja se pueden destacar los cambios que han perpetrado en ella. Sufre, actualmente, de un ''déficit'' de cultura devastador, combinado con una ignorancia vulnerable al entorno de cada persona perteneciente a esta clase. Sin embargo, no hablamos de problemas económicos a causa de que el gobierno los aplaca, exclusivamente, en este sector social. Obviamente siempre existen excepciones, pero, en este caso, estoy obligado a generalizar un poco.
En la clase alta voy a hacer una distinción tomando en cuenta solo a los que nacen en ella apartando a los que llegan con esfuerzo. Al tener posibilidades casi ilimitadas para lo que quiere un adolescente y padres que se compadecen por el capricho de sus hijos, estos obtienen todo lo que desean y se acostumbran a ello y a la facilidad para obtenerlo. Esto suele provocar un descenso del valor que la persona le da a las cosas y al mismo tiempo una oculta dependencia de las mismas. El problema es que nunca se advierte de esto porque siempre obtiene algo que reemplaza lo ''obsoleto''.
Volviendo a las clases bajas: se han producido muchos cambios dentro de ella a medida que las políticas gubernamentales fueron sucediéndose. Ha incrementado exorbitantemente el número de desocupados mantenidos por el gobierno de mi país. Esto es una causa directa del desempleo, quizá. Les regalan dinero que extraen a los productores agropecuarios, generalmente, con aranceles injustificables. De esta manera los productores no disponen del suficiente capital para producir con calidad y competir en el mercado internacional.
Hay un código penal medianamente estricto, pero el poder judicial no cumple realmente con el al pie de la letra, por eso la inseguridad no se reduce, sino que aumenta.
Otra cosa que, personalmente, me afecta muchísimo son las consecuencias del fuerte populismo actual, que genera el fanatismo por la autoridad máxima, y la oposición extrema y redundante, carente de fundamentos variados, que repiten como loros lo que dice otro opositor formándose, así, una cadena. Además estos seres se predisponen ante cualquier nueva medida, no llegan a analizar lo bueno sino que suelen pasar el tiempo criticando sin fundamento a la figura presidencial por cosas superfluas, hasta frívolas. Necesitaba exteriorizar la tanta repulsión que me causan estos personajes.
Pura subjetividad, gracias por leer.
Solo algunos escritos que me sirven de catarsis y ojalá te sirvan como entretenimiento a vos.
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jueves, 25 de septiembre de 2014
FALL 722
Evocó una imagen cuasinupcial entre él y su destino, merecía esa motivación, esa sensación de unión mediante presagios y conjeturas imprecisas pero fervientes y artífices de una predisposición que lo llevaría al cambio buscado. Ésa cualidad imploraba, la necesitaba como un bebe necesita su calostro.
Su pasado suscitaría el rescoldo consecuente en el presente y, éste a su vez, la necesidad de mutar. Fue un niño hermético y taciturno, sucumbió ante el fracaso personal en la sociabilidad, no sabía las maneras. Buscó la metamorfosis en su habitación, en el baño, en la cocina, pero no tuvo éxito en ello, sabía que tenía que lograrla en su mente.
Una vez, dando las once y media de la mañana, se erigió luego de estar pensativo en su cama. Sólo observo el calendario y se echó a dormir.
Este niño, de unos cortos 13 años, con la nariz redondeada y la cara redonda, salió cierto día de octubre a tomar un paseo en sus mocasines (muy cómodos) por la plaza contigua a su manzana y a deleitarse con el pitido de los ''pássaros'' que anunciaban la nueva alba. Extraño suceso fue el de su caída al suelo, ya que no logró vislumbrar con qué había tropezado, sólo sufrió una comezón leve en su cabeza y vio un cenagal de sangre, pero se convenció de que sólo había sido una ilusión. Pero ahora era tarde, él estaba inconsciente. Los pocos minutos que duró cuerdo sólo pudo identificar que lo llevaban a rastras hacia una furgoneta negra en la que pudo leer la patente: FALL 722
El tiempo transcurrió. Para cuando había retornado a la vigilia se creyó la noche, lo cercioró con el reloj que le habían regalado para la séptima efeméride de su nacimiento. No se había percatado de que se encontraba dentro de la furgoneta, la cual estaba detenida, y del atranco de su cintura con la pretina. Por suerte o destino tenía todavía el alicate que sobresalía de los bolsillos de su pantalón, este artilugio poseía también un cuchillo no muy afilado pero bastó para librarse de tal traba. Con una temeridad involuntaria, inconsciente, bajó de la furgoneta para sorprenderse con el lugar lúgubre en el que se encontraba. Un cementerio.
Centenares de filas de lápidas tétricas, clásicos cuervos chillando y una obscuridad truculenta, arrestada por una pobre iluminación, ambientaron tal escenario. El niño, sin influenciarse por lo que veía, se preservó audaz. Sólo 43 pasos le bastaron para encontrarse ante la misma desgracia. Una lápida con un aura que no pertenecía a éste mundo ni a éste tiempo le suscito el pavor más intenso que habría de vivir jamás. La susodicha dejaba entrever unas letras erosionadas por el paso de unos 100 años aparentes: Lápida 722. 25 de octubre de 1917.
Su pasado suscitaría el rescoldo consecuente en el presente y, éste a su vez, la necesidad de mutar. Fue un niño hermético y taciturno, sucumbió ante el fracaso personal en la sociabilidad, no sabía las maneras. Buscó la metamorfosis en su habitación, en el baño, en la cocina, pero no tuvo éxito en ello, sabía que tenía que lograrla en su mente.
Una vez, dando las once y media de la mañana, se erigió luego de estar pensativo en su cama. Sólo observo el calendario y se echó a dormir.
Este niño, de unos cortos 13 años, con la nariz redondeada y la cara redonda, salió cierto día de octubre a tomar un paseo en sus mocasines (muy cómodos) por la plaza contigua a su manzana y a deleitarse con el pitido de los ''pássaros'' que anunciaban la nueva alba. Extraño suceso fue el de su caída al suelo, ya que no logró vislumbrar con qué había tropezado, sólo sufrió una comezón leve en su cabeza y vio un cenagal de sangre, pero se convenció de que sólo había sido una ilusión. Pero ahora era tarde, él estaba inconsciente. Los pocos minutos que duró cuerdo sólo pudo identificar que lo llevaban a rastras hacia una furgoneta negra en la que pudo leer la patente: FALL 722
El tiempo transcurrió. Para cuando había retornado a la vigilia se creyó la noche, lo cercioró con el reloj que le habían regalado para la séptima efeméride de su nacimiento. No se había percatado de que se encontraba dentro de la furgoneta, la cual estaba detenida, y del atranco de su cintura con la pretina. Por suerte o destino tenía todavía el alicate que sobresalía de los bolsillos de su pantalón, este artilugio poseía también un cuchillo no muy afilado pero bastó para librarse de tal traba. Con una temeridad involuntaria, inconsciente, bajó de la furgoneta para sorprenderse con el lugar lúgubre en el que se encontraba. Un cementerio.
Centenares de filas de lápidas tétricas, clásicos cuervos chillando y una obscuridad truculenta, arrestada por una pobre iluminación, ambientaron tal escenario. El niño, sin influenciarse por lo que veía, se preservó audaz. Sólo 43 pasos le bastaron para encontrarse ante la misma desgracia. Una lápida con un aura que no pertenecía a éste mundo ni a éste tiempo le suscito el pavor más intenso que habría de vivir jamás. La susodicha dejaba entrever unas letras erosionadas por el paso de unos 100 años aparentes: Lápida 722. 25 de octubre de 1917.
jueves, 18 de septiembre de 2014
El retorno
El tiempo esta ordenado, la mente lo desordena.
Hay veces que apasiona redundar, repetir.
Hay veces que motiva proyectar, presagiar.
Hay veces que olvidar es lo mejor,
hay veces que recordar es atesorar.
Hay veces que volver es mejor,
reanudar es bienaventurar el ánima
y afrontar es seguro.
Hay veces que apasiona redundar, repetir.
Hay veces que motiva proyectar, presagiar.
Hay veces que olvidar es lo mejor,
hay veces que recordar es atesorar.
Hay veces que volver es mejor,
reanudar es bienaventurar el ánima
y afrontar es seguro.
Se puede volver a lo mismo,
pero siempre lo vas a vivir de una manera distinta,
por fortuna.
pero siempre lo vas a vivir de una manera distinta,
por fortuna.
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