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jueves, 1 de septiembre de 2016

Rebote de boliche (2do round)

Esta vez les traigo un cuentito. El hecho de que resulte superficial o profundo es relativo al lector, no a mí.
Resulta que esto se remonta a los tiempos -no muy remotos-  de Buenos Aires, en donde existía un pleno auge de las culturas urbanas. Lease: dark, emo, flogger, etc. Y en esta cita nos toca indefectiblemente un dark.
El joven era muy oscuro, haciendo justicia a su estilo, y su nombre era Alok.
Un día particular este muchacho decide conocer lo que es el famoso "boliche" al que mucha gente -desconocida para él- asistía. Tiene recuerdos muy difusos de haber estado allí o sentimientos de tener que estar en ese lugar. Pero el destino nos conoce más que nosotros mismos, y nos otorga el lugar al que pertenecemos.
No obstante lo anterior, este personaje se dirige solo al enigmático lugar para romper el hielo.
Se observa una extensa fila allí...
La impaciencia perfora su carne y se exterioriza...
Para calmar sus ansias comienza a hablar de manera oscura, como solo él lo haría, con el prójimo. Se descubre como intruso.
Siente que los demás provienen de un lugar más cercano. ¿Quién negaría que cada uno porta la esencia de su origen, aunque se encuentre en otro sitio?
Por lo tanto la falta de equidad desmotiva la charla, y la falta de charla motiva la impaciencia.
Más tarde que temprano, finalmente, el chico se encuentra a punto de ingresar.
Cuando las personas a cargo de la seguridad lo evalúan, concluyen fervientemente en que se retire de inmediato. Las palabras fueron estas: "tomatelá, si queres entrar vestite bien".
Bien...
BIEN...
Un terreno axiológico, una cuestión ética. ¿Bien para quién? O sino ¿bien para qué?
En ese sitio no hay lugar para otredad o alteridad antropológica. Tiene que ser otro ladrillo en la pared, por lo menos aparentemente. Sino los otros se pueden asustar...

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