Ahora bien, seré un temerario porque voy a extrapolar una pobre teoría de un caso aislado pero propio. Así que, si bien hablaré en general, no hay que dejar de tener en cuenta que esto escasea en cuanto a fundamentos.
Una conducta humana siempre tiene un sentido, por más que eso no pueda ser interpretado asertivamente por un otro. Esta parte es lo que interesa. Esa interpretación es la que define si una conducta será internalizada (para repetir o evitar) o ignorada sin más.
Lo que más me sorprende es que al repetirla, se hace con el sentido con el cual se la interpretó en una primera vez. Y esto puede sentirse eventualmente al realizarla invocando una Impresión de la Reflexión a partir del maestro Hume.
De esto se pueden extraer varias conclusiones e hipotetizaciones, a saber algunas que se me ocurren:
1) mientras las conductas perduran, los sentidos que las acompañan varían a través del tiempo.
2) las interpretaciones de sentido determinan a las conductas en cuanto a proliferación y extinción.
3) el humano aprende por imitación (esto no es excluyente respecto de otros tipos de aprendizajes) al igual que los animales no humanoides, con la gran salvedad de que es capaz de adosarle simbología a esta imitación, lo cual influye en los resultados de lo aprendido.
Nota: debe tenerse en cuenta que desconozco -pero no descarto- la existencia de investigaciones con estas mismas conclusiones. De manera que es probable que esto pueda ser considerado como una obviedad o una antigüedad. En ese caso, no es menos cierto que esta relación entre dos pilares de la psicología, a saber: lo simbólico y lo conductual, representa una cuestión harto importante para nuestra disciplina. Por ende, debo contentarme, mínimamente, con el hecho de remarcarlo.

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