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jueves, 27 de septiembre de 2018

El régimen universal, el todo y el todos

El punto de partida que nos convoca en esta ocasión, a usted y a mí, es casi una hipótesis, o mejor dicho, una creencia que me seduce intensamente. Si la menciono ahora, sin más, quizá pueda chocar un poco, porque su pretensión de alcance teórico se extiende a un campo inexplicablemente amplio. Pero, a su vez, se presenta como un punto de partida muy llamativo. El mismo consiste en que el régimen del discurrir universal, esto es, la forma en que transcurren el universo y las cosas que lo componen, es cíclico. Este es el primer nivel, el más general de la hipótesis. En un segundo nivel, podríamos decir que esta forma cíclica de discurrir del universo alterna entre integración y desintegración.
A este punto, nos hemos empapado un poco sobre de qué va esto, o hacia dónde. En este momento, hay que desglosar nuestra hipótesis y ver qué aplicaciones y vinculaciones teóricas tiene. Es importante entender que no se puede comprobar completamente una hipótesis. Prefiero concebir a mi objetivo como un intento de reforzar un punto de vista, al cual se puede adherir o no. 
Entonces, podríamos hablar del origen del universo, en donde destaca la teoría del choque de planetas. Este choque explica por qué el universo está hecho trizas, por qué existen tantos pedazos flotando allá afuera. Por otro lado, tenemos las teorías sobre la creación de los cuerpos celestes, en donde los mismos empiezan por ser una nube de gas que reúne varios elementos con el fin de integrarlos. Luego, pensemos en la estructura de nuestros continentes y su distribución. Los estudios indican que, en un inicio, la estructura principal del planeta Tierra consistía en un supercontinente al cual llamaron Pangea. Con el tiempo, avanzó el proceso de división. Hoy lo vemos en una etapa donde ya se ha consolidado.
Hasta ahora no hicimos más que hablar sobre integración y desintegración. Desde el Big Bang, pasando por la creación de los planetas, hasta terminar en Pangea y su división, abarcando niveles distintos de análisis. Ahora, es tarea del lector explorar otros niveles o contextos de aplicación de este régimen cíclico. Mi tarea es continuar defendiendo la hipótesis a través de otra teoría, que dista mucho de las ciencias astronómicas.
Carl Jung es un continuador del psicoanálisis clásico desarrollado por Sigmund Freud. Agregó una perspectiva sobre el inconciente que nunca antes había sido postulada. La misma consiste en que el inconciente está constituido filogenéticamente, esto es, a través de las experiencias repetidas de todas las generaciones. Estas experiencias se transforman en arquetipos, experiencias típicas antiguas que se consolidan como símbolos estereotipados. Esto quiere decir que el inconciente está influenciado desde hace mucho tiempo, desde lo primitivo, lo arcaico.
Podemos decir que las pulsiones, a su vez, también están determinadas desde antaño, y han evolucionado hasta hoy.
Tenemos que ser capaces de pensar en que existe una alternancia y una preponderancia entre las pulsiones de vida y de muerte. También hay que considerar que la integración y la desintegración pudo haber sido un modelo para que este comportamiento pulsional se conforme.
Desde la teoría psicoanalítica clásica, sabemos que la pulsión de muerte se caracteriza por hacer varias cosas, pero ahora nos interesa su cualidad de dividir las unidades en partes más pequeñas. Sucede lo contrario con la pulsión de vida, que tiende a formar unidades superiores. Esto se parece mucho al régimen de integración y desintegración, y en los arquetipos de Jung encontramos el asidero para suponer que estas pulsiones tuvieron su modelo base en algo no humano, ya sea el comportamiento de la materia o la vida de otros animales.
En la ontogénesis encontramos dos procesos biológicos básicos, el anabolismo y el catabolismo. Estos no difieren mucho de las ideas anteriores, corren por la misma acera. Explican cómo el cuerpo atraviesa una fase de creación, formación y crecimiento, y otra fase de decaimiento y reducción de las capacidades, acercándose a la muerte. Esta también parece ser otra expresión del régimen cíclico.
Quisiera cerrar el escrito abordando un último tema. No obstante, debo advertir que lo siguiente es puramente especulativo, son reflexiones subjetivas que en ningún sentido pretenden verificarse. El todo y el todos. ¿Qué es un todo? No se sabe. Pero, ¿qué es un todo a diferencia de un todos? Eso sí se sabe, o se puede construir, al menos. El todo, al ser singular, no puede incluir más de un elemento. Sin embargo, en el todos se puede hacer referencia a muchos elementos interconectados. Estos elementos sólo pueden tener conexión gracias a estar previamente escindidos. En un todo, no hay conexiones. Esto puede irritar al lector, quien se cuestiona por qué está leyendo estas cosas. Pero, aún siendo un desarrollo raro, tiene su objetivo. Mi idea es que el cosmos pudo haber sido un todo, el cual terminó por desintegrarse. Una vez hecho trizas, las partes se reorganizan de una forma distinta, buscando volver al estado del todo, pero tienen que conformarse por ser un todos, es decir, un conjunto de partes que se relacionan entre sí.
Pienso que este proceso de reorganización de las partes, se da incansablemente y representa el régimen del discurrir universal más importante.

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